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Full text of "Póstumas: poesías"

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ERRATAS 


Pa*. 

»Pá<i 


D»*b«i iWir 

— 

— 

—ir 

— 

27 

8.o 

Me buscó el co- 

Me hirió en el 



razón. 

corazón. 

48 


Abrevarán. 

Abrevaron. 

56 

2.° 

de la fuente. 

á la fuente. 


2.o 

pensarosa. 

pesarosa. 













PRÓLOGO 


Si cuando apareció Flores de Otoño, no hubie- 
se entonces surgido un poeta, lo hubiera anun- 
ciado hoy desde el pórtico de Postumas, t on todos 
los atributos de su lira polífona, cou todos los 
matices de su estilo inimitable. Pero la presen- 
tación del poeta la hizo él mismo, con sus so- 
nantes versos, é hizo pensar en el prodigio de 
la harmorna, con el alma en éxtasis!. . . 

Reveló el misterio poético de la melancolía, 
pulsando una sola cuerda, una de las dos ó tres 
á que se refiere Lotti, con su musa vestida de 
heliotropos, viajera nocturna por el jardín ba- 
ñado en luz de luna Hizo gustar exquisitas 
sensaciones, líricas deliciosas, fragantes aromas 
de cosas antiguas, supremas idealidades, revela- 
ciones magnificas de una belleza superior, donde 
la escala mágica produjo las más ex trapas notas 
en el único tono plañidero dé su inconfundible 
espíritu de artista. 

Sabiéndose incomprendido, tal vez porque 



PKÓLOGO 

Euterpo y Polymma lia tiempo huyeron ante el 
vocerío de las ¡ trescientas ocas, » Melitón I. Si- 
mois siguió en su trabajo de orfebre, cincelando 
sus piedras preciosas ea el silencio de su alca- 
zaba marfilina. Y asi surgió esto nuevo libro, 
germinado en lo más íutitno de su alma que 
destila amargura y que florece en estrellas ! 

Y aquí está, fragante como un manojo de flo- 
res «uajadas de rocío, este ramillete de sonetos, 
que el autor cediendo á no sé qué enigmático 
presagio de ostracismo, tituló Postumas, cuando 
su lira puede aún, como la de Stesieore combatir 
al toro de bronce. 

Podrá tildarse al libro de que hay en él una no- 
ta, — base de su harmonía, inconfundida siem- 
pre al través de su orquestación poliíóüica, — de- 
masiado elegiaca, pero os esa, precisamente, la 
que personifica al autor, la que lo humaniza, ape- 
sar de sus peregrinaciones por el azul donde 
ruedan soles y estrellas, en busca de una sonri- 
sa celestial, de un atributo con que sutilizar sus 
versos, para derramarlos luego como raudal de 
lágrimas, y hacer vibrar en extremecimiento pia- 
doso el alma nuestra. 

Y en su vuelo inmenso, ebria de luz la pu- 
pila, tendiendo su prora al infinito, por sojire 



PRÓLOGO 

todas las liviandades y todas las miserias, alejadc 
de las impurezas terrestres, se detiene ante el 
enigma interrogante, y cara ¿ cara, dialoga con le 
desconocido, en el reinado laberíntico de la conje- 
tura y el misterio! Y de allí cae, su fe perdida, que, 
u es un ángel i on las atas rotos/ ” 
y el poeta, en el plano de la lamentación, impri- 
me á sus versos un sello de uo sé qué vaga 
melancolía, dé no 'sé qué sublime magestad de 
ensueno, como si entre las rimas cantara siempre 
su queja plañidera, la guzla del dolor!... 

Buscad el retiro de un viejo parque eu la hora 
crepuscular, cuando el sol de O tollo ríe con las 
hojas que amarillean, entrad en la religiosa se- 
m i-oscuridad de los templos; sentaos en el jardín, 
bajo el manto de perlas de la luna apacible; 
arrodillaos ante el altar de Isis fecundante de en- 
sneno, y abrid este libro, si queréis gustar el 
encanto de sus páginas eucaristicas, el magismo 
de lo irreal, de lo ignoto.de lo desconocido !.. . 

Y vosotras, para quienes el amor es llama 
celestial, es encanto llevado al éxtasis, es sueno 
uránico, lenitivo para el que sufre, néctar deli- 
cioso que se liba eu la copa dorada de la feli- 
cidad; abrid este breviario, devotamente, que 



PRÓLOGO 

vuestras pupilas se bañarán en luz de plata; 
entornad los ojos, y en la penumbra violeta, ve- 
réis surgir, galantes, los caballeros del ensuefio 
con un ramillete de flores en la mano en actitud 
de ofrenda; y si conseguís que vuestra materia 
se sutilice hasta la espiritualización, entonad 
con el poeta los salmos dulcísimos del olvido, 
en coro místico de tristeza, de paz y de melan- 
colía, y Postumas será entonces el lirio que per- 
fume, la rosa lírica que abre su corola al conjuro 
de la noche estrellada, el suspiro que en los labios 
pone un beso, el amargo lloro que se traduce 
en bendiciones y se desvanece en quejas, el vaso 
esmeráldico de la leyenda del Graal, la áurea 
copa de hidromiel que el héroe del Valhalla dejó 
sin escanciar en la noche del último festín!. . . 
* 

* * 

Sé que los lacayos, con íntima fruición, ce- 
lebrarán el destierro del autor de Postumas que 
vive, como Petronio, en tiempos de abotagados 
prosaísmos, V tal vez sea ese su mayor triunfo, 
su palma, su laurel y su fama, que le siguen, 
para coronarlo, por su < ruta de estrellas !.. . > 

Juan Pablo Lavagnini. 

Febrero de 1917. 



Aquí estoy otra vez. 

Aquí estoy otra vez, hermanos; quiero 
Ya que muy pronto he de morir, dejaros 
Escrito en verso: mis ensueños raros, 

Por qué he vivido triste, y por qué muero 

A vosotros hermanos, mi postrero 
Cantar os doy, porque he sabido amaros 
Mis afectos más dulces y más caros 
Y que por tales, más que el mundo entero 


9 



Valen tal vez: mi muerte i 
Vivir altivo y solitario supe 
Y mi próximo fin va no me 


no es preoeiij 
espanta 


Porque llevo la gloria del herido 
Ruiseñor, que en el borde de su nido 
Pliega las alas y muriendo oanta. 



Así fué. 

Caminando al azar, en mi desvelo 
Llegué al ensombrecido intereolunio 
Donde las rosas tjue me diera Junio 
Amustiaban su blanco terciopelo» 

Idealizada por el plenilunio 
La media noche protegió mi anhelo 
Y hacia lo eterno, en silencioso vuelo 
Huyó el pájaro azul de mi infortunio 


n 



Llorando sus extrañas letanías 
Pasaron todas las tristezas mías 
A perderse en los orbes infinitos 

Y un fauno, ebrio con licor de olvido 
Fui, cuando el sol me sorprendió dormido 
En un lecho de pétalos marchitos. 



El cisne aquél. 


Ignoto artista, dueflo de la suma 
Ciencia de hacer de nieve lo más bello 
Idealizó la albura de la pluma 
En la curva hierática del cuello 

Dolor y aristocracia; lleva dello 
El noble descendiente de la Espuma 
En la pupila azul, impreso el sello 
C^ue al mirar presta vaguedad de bruma 


13 



A la ovilla del lago, en el seguro 
Rincón del viejo parque donde apuro 
La copa de mi eterno meditar 

Como sabe que soy uu visionario 
El cisne aquel, altivo y solitario 
Tarde á tarde me viene á visitar. 


14 



Alfombra de Persia. 


Una alfombra de Persia en tinta viva 
Mentía el musgo extendido sobre el terso 
Cristal de la laguna de donde iba 
Surgiendo el cisne blanco de mi verso 


Entornó mis pupilas sin esfuerzo 
La mano de una maga volitiva, 

Y fué el alma tal vez, del Universo 
La que anidó en mi frente pensativa. 


15 



Dormí para mi bien La fronda quieta 
Protegió mis anhelos de poeta, 

Callaron los rumores campesino*; 

Y al morir de la tarde envuelta en brumas 
Soné un mar de corales y de espumas 
De sirenas y príncipes marinos. 



El tigre. 


De inconcebible furia pose ido 
Kl tigre me ha saltado á la garganta. . 
Su garra, si me hiere, más me espanta 
De ella quise huir y no he podido 


El dolor de la herida la he sentido 
En pleno corazón, pero fue tanta 
La suerte mia, que la sangre cauta 
Al surgir rauda, una canción de olvido 


17 



Fué üiuel U liera al par «pie generosa, 
Por la desgarradura Jolorosa 
Pasó su s lave lengua de felino... 

¿No comprendéis? el tigre es mi tristeza 
Pero un ansia infinita de belleza 
Va cubriendo de flores mi camino. 


18 



Así sea. 

Oh, licor de ambarina transparencia 
(¿ue en los instantes de tristeza apuro 
Tú, para mi incurable y cruel dolencia 
Eres el paliativo más seguro 

Morir bebiéndote una noche, auguro 
Como lógico ñn de mi existencia 
Y que he de bendecirte, te lo juro 
Cuando parta por siempre hacia la ausencia 
1Ü 



Mucho lie sufrido por saberme solo 
Y ante tu altar espiritual inmolo 
Todo lo que la vida nos ofrece 

Yo bebiéndote sorbo á sorbo, anhelo 
Ser meteoro que cruzando el cielo 
En destello fugaz, se desvanece. 



Confesión. 


Digámoslo lioy, mañana será tarde 
ilvez. puesto que nadie está seguro 
; que las contingencias del futuro 
> troquen al valiente en un cobarde 

El fin cercano de mi vida auguro 
aunque de mi tormento no hago alarde 
mo una hoguera de martirios, arde 
i mi cerebro un pensamiento oscuro 


21 



Digámoslo hoy. ignoro si blasfemo 
V el juicio adverso espero y no lo temo: 
Yo soy en el erial del Universo 

La estrella que lia perdido el derrotero 
Lirio abierto en inmundo estercolero, 

El dolor hecho verso. 


22 



Loreley. 


Pronto á partir, el corazón henchido 
De sacra fe, de amor y de esperanza 
Un cántico augnral, hasta mi oido 
Llegaba de la bella lontananza 

Visionario de! bien apetecido 
Que el deseo persigue y nunca alcanza 
Me so fié uu don Quijote, en su transido 
Rocinante, y armado de una lanza. 



V partí — De países ignorada 
Fui cruzando por valles y collados 
En busca siempre de mi Dulcinea 

Y cuando recorrí toda la tierra 

Con la estulticia humana en nula guerra 
Torné vencido á la nativa aldea. 


2 4 



El optimismo. 


Cruzó cual fugitivo meteoro 
La noche de mi espíritu anhelante 
Y de mi fe en la fuente agonizante 
Volcó el raudal de su cascada de oro 

Hacia mis playas, de un país distante 
— Barca cuyo naufragio ya deploro — 
Trasportando de amor, sacro tesoro 
Rompió la quilla en un escollo errante. 


25 



Es del diu'o vivir, el optimismo 
Faróntesis de luz. en el abismo, 

Flor de milagro en un país de hielo; 
La gracia de un minuto de consuelo* 
Ya he perdido ese bien: réstame hoy 
La inmensa pena de saber quien soy. 


20 



Jardinero. 


* De mi asidua labor de jardinero 
El fruto recogí, tengo claveles, 

Y mi guardilla solitaria quiero 
Alegrar con sus rojos oropeles 


Abriré la ventana porque espero 
Que á la cita del cáliz siempre fíeles 
Al nectario vendrán desde el sendero 
Abejas de oro á elaborar sus mieles 


27 



Y mieutras el enjambre laborioso 
Irá agitando el vuelo rumoroso 
En torno á la mareta florecida 


Otro enjambre de abejas musicales 
Vendrá á traer la miel de sus panales 
Al exhausto nectario de mi vida. 



Vaguedades. 


Ayúdame á sufrir; ayúdame á penar 
lo tengo el alma enferma de tanto padecer 
ío sé si de sentir, no sé si de añorar 
jo que no tiene Hoy, lo que no tuvo Ayer. 

¿Por qué en mi senda hostil, no hubo de una mujer 
a fuente de milagro para mi sed de am<y? 

Por qué padezco así, la angustia de saber 
el martirio sin fin, de querer olvidar? 



Escúchame: tus manos, blancas como el marfil 
Al dejar en mi trente su caricia sutil 
Tienen el maleficio de las dores del mal 


Aléjate, me taita la luz de la razón 
No sabrás que la Vida, rompió mi corazón 
En mil pedazos, como si fuera de cristal. 


30 



Por qué soy así* 

No debo ser así, bien lo comprendo 
Afas por mucho que intente y que lo quiera 
La atroz angustia de vivir muriendo 
Nc me deja cantar de otra manera. 

Perdida ya, la juventud primera 
No hallo r zon para seguir viviendo 
Pur eso el existir es una hoguera 
lleude la antorcha de mi verso enciendo 
111 



i Y pude ser feliz ! . . . La gloria puso 
Sobre mi sien, la palma codiciada... 
Alguien llamó á mi puerta; eva la Nada 

¿A dónde vas, iluso? 

Desde entonce agobiada de derrotas 
Mi te, es un ángel con las alas rotas. 


32 



Sonetos de la Primavera. 

i 

Sonad, sonad poeta; la manaua 
Esta mañana azul de primavera 
Hará bien á la casi sobrehumana 
Inquietud del espíritu que espera 

•Sonad, sonad, poeta; cortesana 
Wue en belleza gentil fué la primera 
El talle airoso, al pie de la ventana 
Balancea una rosa tempranera 


33 



El sol naciente, al exornar de raros 
Arabescos, los mármoles del Paros, 
Gloria del viejo parque señorial. 


Diviniza la sangre de la rosa 
Y es propicio á la linfa milagrosa 
De una fuente enigmática y lustral 


34 



¡Como alivia la fiebre de mi frente 
El frescor de la brisa matutina ! 

¡Qué grato es el mensaje de lo ausente 
Que me trae la primera golondrina! 

Ed el earmíu y el oro del Oriente 
Ha trazado el anhelo, una divina 
Huta, por la fjue el alma dulcemente 
Hacia un país lejano «e encamina 



Y cuando la bandada de paloma/ 
Cruza rozando el borde de las lomas, 
Y tañe la campana de la aldea 

A vivir, á vivir, Naturaleza 
Parece que dijera, y mi tristeza 
Ruega con unción mística: ¡así sea! 



m 

A vivir, á vivir/. . Todo despierta 
De Primavera al mágico conjuro 
Revienta el brote y el gilguero acierta 
En el trino augura!; fuerte y segure 

Revive oculto surtidor la muerta 
iarmouia dal agua, y e! oscuro 
Asimismo, conviértese en la puerta 
íue á Pe le da entrada en el Futuro 
3í 



Reid sol; trinad aves, brindad flores 
De consuno, perfumes y colores; 
Vuestro murmullo proseguid, cascada 

Cantad poetas la estación florida 
Mientras gime en la noche de la Vida 
Mi musa taciturna y enlutada. 


38 



Quimera de amor. 


El jardín está sombrío 
Y sobre un blanco mosaico 
Traza arabescos el frío 
tí ayo de un arco voltaico 

Junto al soto de violetas 
A una Venus taciturna 
No sé qué penas secretas 
Cuenta la brisa nocturna 



Hondo como un desconsuelo 
Algo desciende del cielo 
En esta noche de Enero 

Y olvidando su dolor 
Una quimera de amor 
Suena el oscuro trovero. 


40 



Confidencia. 


Yo estaba j.quí, ya hacía no sé cuánto 
Er este viejo banco solitario 
Sonaba. . . no sé en qué; por soñar tanto 
Yunca sabe en qué sueña el visionario 

Y ella llegó — Magda la en mi calvario 
hl lluvia ha su sór, tan raro eu canto 
¿ue su inirada tal un relicario 
!.*e ternuras, <li ó fin á mi quebranto 


41 



; La amé? no lo sé bien; solo podría 
Decir, que su recuerdo todavía 
Me asalta á veces con el loco empeño — 


De lo que fu ó entrevisto y no alcanzado 
O eso muy bello que hemoe encontrado 
Una vez en la vida ó en el sueno. 


42 



Bajo (a noche azul. 


Bajo la noche azul, era la luna 
Trasunto de clorótica azucena 

V la fronda eu quietud, lo mismo que una 
Madre consolatriz para mí pena. 

Perfamaba el ambiente la verbena, 
Aullaba un lobo en la vecina duna 

V nunca fué más suave ni más más buena 
La beatífica paz de 1 laguna. 


4 a 



l'ensw en Dios; en el Dio» en que creía 
Cuando era niño; en la crueldad impía 
Del destino, en lo aciago de mi suerte 


Y ¡oh locura! pensando en estas cosa» 
Florecienro los versos como rosas 
Para adornar la hora de mi muerte. 


44 



Moriré temprano. 


Estoy enfermo, moriré temprano 
iíi mal, un mal atroz que lio perdona 
Labra dentro mi pecho en inhumano 
Dolor que rae atormenta y que se encona 

Con la carne aún en flor; la vida entona 
Cn miserere por mi fin cercano... 

El alcazar azul se desmorona 
¡ Ducho, quiero vivir, pero es en vano 1 



¿Y bien? Si asi lu quiso el cruel destino 
Si no lie de recorrer todo el camino 
De triunfos que sofió mi desvarío: 


¿Para qué protestar? sea mi verso 
La ofrenda con que quiero, al Universo 
Dejarle todo lo que tengo mío. 


46 



A Julio Garet Mas, 


Kl niño jw«*ta, que mloquwió 
,»<• triste*». 

Tu pensar sobrehumano, fracasó en la locura, 
Yo endulzaré tus horas, dándote mi ternura 
Oh, mi lírico hermano, dentro cuya cabeza 
Kn rosas de infortunio floreció la tristeza 


Yo velaré tus raros ensueños de demente, 
Entornaré tus ojos, enjugaré tu frente 

Y llevaré á tu celda mis versos y mis flores 

Y una jaula de oro para tus ruiseñores 


47 



Sm conocerme, un día, en la oscura taberna 
Escribiste, bebiendo, la epístola fraterna 
Y el libro de milagro de tu alma me abriste 
Por saberme tan sólo, tan enfermo y tan triste 


Y tu musa doliente, y mi musa pagana . 
Abrevarán del Verso, en la misma fontana 


Y los dos siempre juntos, y los dos siempre lejos 
Cantamos al unisono, el dolor de ser viejos 
El dolor de ser viejos, porgue en la primavera 
No alegró nuestro huerto, la alondra mañanera 


Ahora que estás loco, yo bendigo la suerte 
<¿ue hará menos amarga la hora de tu muerte 
Y bendigo el instante que entrando en la demencia 
Curaste del martirio sin fin, de la existencia 
4s 



Como fueron mis Flores, en pos de tus * Estrellas ■ 
Mi espíritu del tuyo, va siguiendo las huellas 

Y hacia tu nuevo mundo, de paz y dulce olvido 
El pájaro sagrado de mi anhelo ha partido 

La inaccesible cumbre, de nieve inmaculada 
Erguida entre las brumas del Caos y la Nada 
Acojerá tu alma solitaria y la mía 

Y velará piadosa, nuestra inmortal porfía 


Pobre y desventurado, lírico hermano mió 
V enga á mi. de tu noche, el bienheehar rocío 
\ sea de tu gloria, la aurora que despierta 
El faro que me guie, por la ruta desierta 

Como fueron mis Flores en pos de tus Estrellas * 
Mi espíritu del tuyo, va siguiendo las huellas. 


49 



El retorno- 


En esta noche pavorosa en que una 
Llama sutil, de angustia y de tormento 
Se alarga, y con abrazo de serpiente 
Se va enroscando en torno á mi cerebro 
En esta noche pavorosa, creo 
Por lo cruel del martirio que padezco 
Que á devorarme el corazón, entraron 
Buitres del Setentrión dentro mi pecho. 



Yo no sé dónde voy en las tinieblas; 
Sólo sé que be llegado de muy lejos 

Y que dejé la ensangrentada huella 
Por las sendas de todo el Universo. 

Loco de mi que quise entre los hombres 
Predicar del amor, el evangelio , . . 

Subí á la cumbre, descendí al abismo 

Y nadie supo comprender mi verbo 
Labrador del pensar superhumano, 

De la ignorancia roturé la tierra 
Pero llegué temprano y la simiente 
No germinó en la entraría de la gleba. 
Muy temprano llegué. — Sí Jesucristo 
Padeció la injusticia y el escarnio, 

Yo también como el mártir gal i leo 
He tenido mí cruz y mi calvario 
Muy temprano llegué; vuelvo á mi oscura 
Caverna de los tiempos ancestrales 


51 



A esperar en un éxtasis de piedra 
El glorioso alborear de otras edades. 

Dejemos que se aleje hacia la Nada 
La eterna caravana de las horas; 

Dejemos que ios siglos se conviertan 
En átomos de escoria. 

Más tarde volvere; dejo en la vida 
Gomo una enorme estrella solitaria 
La lumbre de mi espirita fraterno 
Que irá alumbrando la conciencia humana 
Y después cuando al fin de mil centurias 
Sonoros bronces mi regreso anuncien 
Y en cantos augúrales 
Saluden mi advenir las multitudes, 

La raza de Caín que permanece 
Sorda á mi voz de amor y de esperanza 
Se agrupará en el templo del apóstol 
A escuchar de rodillas su palabra. 



Primavera. 


Encontró al levantarme, esta mañana 
Florecido el rosal de mi ventana. 

El dormido murmullo de ia fuente 
Me habió de un bien ausente 
<¿U6 al partir para siempre, el alma mía 
Saturó de inmortal melancolía. 


En el aauí errante 

F a una nube hacia un país distante. 



Puso en mi frente su piedad divina 
El frescor de la brisa matutina 
Mientras cantaban bajo los aleros 
Las alegres parejas de gilgueros. 

Como el ave feliz ¡ah, quién pudiera 
Saludarte cantando, Primavera! 

Flores, cantos y sol, todo convida 
A gozar los encantos de la vida; 

Sólo mi huerto desolado y triste 
El gris ropaje del o tono viste. 


f>4 



La fuente seca. 


La! -oró en blanco mármol de Carrafa 
Mano egregia de artista, la figura 
Le im joven fauno, que por bella y rara 
Filé de la fuente, adorno y gloria pura 

En tranquilas marranas, la escultura 
Cubría el sol de diamantes de agua clara 
Eí ue al descender tremantes, de la altura, 
Ea fuente en su interior recogía avara, 



A beber en Ja linía transparente 
Acudían las aves < 8 ^ la fuente 
Del viejo parque seítorial; un día 

— Nadie sabe la causa del prodigio — 
Se ausentó el agua sin dejar vestigio 
Y está seca la fuente todavía. 



Flores y estrellas. 


l>os<l<- mi locho >lo oní- r 

Un ángel, de la vida en los albores 
31e ofrendó ayer, nn ramo de violetas 
Diciéndome: aquí os traigo de estas dores 
tanto amais vosotros los poetas 

It tibia, <le ojos azules, la mirada 
íle aquella nina cual ninguna, bella 
Eu la noche de mi alma desolada 
Hrílló con los fulgores de una estrella 



No digo sí lloré: mí mal sin cura 
Fné meuos cruel, cuando ella con ternura 
Adiós, me dijo, que sanéis deseo 

Y pensé que tal vez su blanca mano 
Enflorará en un dia no lejano 
Mi sepulcro sin cruz ni mausoleo. 


68 



Muy pronto. 


Iluso, en vano descifrar pretendo 
Los enigmas del Todo y de la Nada 
Y en vano quiero amortiguar, riendo 
La tristeza de mi alma desolada 

Fuerza es vivir, padezco y no comprendo 
Porque en el designio de la suerte airada 
Hizo la senda por do voy siguiendo 
Tan dura, tan hostil, tan escarpada — 


59 



— Mliy pronto partiré; nadie me llore: 
Cuando del nuevo dia el sol, colore 
Las altas cumbres de los altos moutes 

Irá mi espíritu — prodigiosa ave 
i*or estrellada ruta que ya sabe 
En busca de más amplios horizontes. 


(50 



La tristeza, 

Luz que en la» sombras del abismo impera 
De mi fe y de mis dudas ñel testigo 
Clara fuente interior, donde mitigo 
Esta sed que mi espíritu exaspera 

Eli mí vivió desde la edad primera 
Fué á la par que mi gloria, mi castigo 
Y el co razón la alberga y va conmigo 
Como mía inseparable compañera 
ti! 



Musa piadosa que mi verso inspira; 
Eterna llama de la eterna pira 
Donde arrojé mi juventud marchita; 

Razón de mi existir, lira proscrita; 
Oasis en el medio del desierto 
De mi destino incierto . . . 


62 



Prometeo. 


Me lie extraviado por una selva obscura 
Coya salida busco inútilmente, 

Y se desencadena aquí, en mi frente 
La fiera tempestad de la locura. 

l-na dulce esperanza que perdura. 

— Ave de li¡z volando eternamente 

Hacia el país de un bien por siempre ausente 

Me sostiene y anima. Algo me augura 



El éxito íinal — «juiero ser fuerte 
Resistir al embate de la suerte 
Y rebelde y tenaz, tal «tro Anteo 


Voy por la sombra en busca de la aurora 
Pero un buitre la entra fia rae devora 
Y la Verdad me grita: ¡Prometeo! 


64 



Otoño es cruel. 


De este largo crepúsculo sombrío 
Pone al rojo la sombra su esfumino 
Y un viejo ruiseñor, brinda al estío 
Ausente, la congoja de su trino 

- — Otoño es cruel conmigo; mi camin 
Amustia con sus brumas: y en implo 
Alan de hacerme padecer, mezquino 
Clava en mi carne su aguijón el frió - 



Y en el alma también: estoy vencido 
Mas si de este lugar en que he caído 
Por alejarme me esforzara en vano 


Pienso que habrá en la muerte algo de be 11 
Por eso sin pavor llevo en mi el sello 
De los llamados á morir temprano. 


fí6 



Al pasar. 

Vengo cansado; he caminado tanto 
<¿ue ya no puedo más. Mortal fatiga 
Mi fuerza ha derrotado, y su quebranto 
A detenerme á mi pesar, me obliga 

Cercano está el raudal, oigo el encanto 
Eterno y promisor de su cantiga; 

Será á mi sed un cáliz sacrosanto 
El blando hueco de tu mano amiga. 

t\7 



Me ciarás de beber, gentil pastora 
Yo en cambio he de brindarte lo (pie ignora 
Tn oido, y bajo el palio del paisaje 

Sabrás de la harmonía de mi flauta 
Fara después, al terminar la pauta 
Hacia la meta proseguir el viaje. 



Todo es igual- 

Lo mismo acepto altivo, indiferente 
Los grandes males que los grandes bienes 
Que igual dá: las espinas en la frente 
O una palma triunfal sobre las sienes 

Antes, la juventud generadora 
be entusiasmos y locas rebeldías 
Puso en mis labios la canción sonora 
V en mí lira perladas harmonías. 

HO 



Después he comprendido — ’jue no en vano 
Pasan los años— el cabello cano 
Tengo, y el alma enferma de amargura. 

Mi destino fue cruel, mi suerte dura 
Creí y luché; ahora solo pido 
Tranquila muerte en un rincón de olvido. 


70 



Los ojos del anhelo. 


Las sombras que escudrinan los ojos del anhelo 
Nunca como hoy tan densas ni tenazmente esquivas, 
Nunca tan infranqueables las brumas de ese cielo 
Donde el pensar suspende sus lámparas votivas. 


El pensamiento es blanca paloma mensajera 
(¿ue en busca del enigma de la vida se ausenta; 
Y la duda, en las horas horribles de la espera 
E¡ cuervo que las almas persigue y atormenta. 


71 



¿Es hoy? ¿Será mañana? No sé, pero presiento 
La kiz del nuevo día, y en el vital alTento 
De! excelsior arcano mi espíritu se inunda — 

— La idea es oro puro, prístino y sin mancilla 
El verbo que al Futuro saluda, la semilla 
Que germina en el seno de mi tierra fecunda. 


72 



Ananké. 


Mientras el viento afuera, modula sus canciones 

Y la lluvia, insistente golpea en los cristales 
Yo resuelvo paciente, los problemas fatales 
De mi vida asediada por raras emociones 

En la mel ancolia de mis viajes astrales 
El arpa del soneto da sus catorce sones 

Y deja en el silencio de mis meditaciones 
La vibración de notas divinas é inmortales. 


73 



La tropa galopante de essneftos de quimera 
Desata hacia lo eterno su rápida carrera 
Por el desierto inmenso de mi desolación: 

Casi inconscientemente llego al vetusto piano 
Paso por el teclado, levemente la mano 
Y descubro el secreto de la Suma Emoción. 


74 



Carnaval. 


La alegría desborda, celebrando la fecha 
Memorable, en la calle, pífanos y timbales... 
¡Carnaval! farsa inicua, que la gente aprovecha 
Para desatar todos sus instintos brutales 

Yo tengo una infinita pena porque no puedo 
Sustraerme á este ruido que me inquieta y me espanta 
¿A. dónde huir? mi oscura guardilla rae da miedo 
¡Y afuera, la comparsa de imbéciles que cantal 



Han llamado á mi puerta, saben que estoy; abráino 
Me digo; abro la puerta, entran, nos saludamos 
Salve poeta, dicen, y ine beben el gtc¿vw . 

Después, hacia lo lejos se va la algarabía 
Mientras en la penumbra de la estancia vacia 
Suena lúgubremente, mi risa de Arlequín. 


70 



El escollo. 


Ebrio de alcohol y éter, mis horas silenciosas 
Me dieron el milagro de ansiadas maravillas: 

Las pálidas estrellas, luz de piedras preciosas 

Y el cielo, tal lo inmenso de un lago sin orillas 

Viajero infatigable, mi fiebre de conquista 
Exacerbó el austero mutismo de los astros 

Y mi anhelo fue como la nave nunca vista 
Con grímpolas de gemas y quilla de alabastros 


77 



Mi verso ama las noches de mirajes astrales 
Cruza un mar tumultuario de mostruos y corales 
Propicio á algún naufragio de horror y abracadabra 

Guía mi romanticismo la barca Poesía 
Su norte es lo Imposible, la Nada su porfía 
Navega entre tinieblas y escolla en la Palabra. 


78 



Una mujer. 


Era tau bella como . . . ¿con quien la comparara 
Nadie en la tierra pudo su bellezar igualar. 
Muchas veces mirándola, esperé desplegara 
Uuas ala* muy blancas, y empezase á volar 

Y era de un mitológico trópico, la flor rara 
C¿ue con su esencia vino mi vida á perfumar 
Fué mía y yo fui de ella, y si esto me pesara 
Maldita sea mil veces, la gracia del amar 


7 & 



Me dijo aquella tarde, con su voz infantil: 
Dormiré entre tus brazos para sonar mejor . . . 
Sus inanos y su rostro parecían de marfil; 

Después. . . Nunca he podido saber lo que pasó, 
A muchos he sentido decir que se murió 
Yo digo que se oculta de mi dañino amor. 


80 



Deseo. 

Un ave cruza la extensión dormida 
Volando hacia el confin, serenamente 
Y pone en la pupila entristecida 
Un reflejo escarlata el sol poniente. 

Un pavo real, al borde de la fuente 
Despliega en abanico la mentida 
Pedrería del plumaje, y la doliente 
Quietud del parque á meditar convida 
fil 



La* estrellas se asomaD uDa á una 
Al sombrío cristal fie la laguna — 
Siento una voz amiga que me nombra 


Y me asalta un deseo irremediable 
De diluirme en la noche inexcrutable 
Como si fuera un átomo de sombra. 



Música del dolor. 


Me da el dolor, la música; la letra 
Será labor del pensamiento mío. 

Es de noche, estoy solo y tengo frío, 

Un frió que hasta el alma me penetra 

Quiero pensar bien hondo. La pupila 
Vela piadoso el párpado. Presiento 
Que he llegado al confín del pensamiento 
Donde el guardián de otra heredad vigila. 



F,l Dios ile los cristianos está ausente 
De mi espíritu enfermo; dulcemente 
Del ensueíio me entrego al hipnotismo 

Y ¡ol\ locura inmortal! yo so y la escala 
Infinita y gloriosa, como un ala 
Extendida entre el cielo y el abismo. 


84 



El esfuerzo- 


Hagamos un esfuerzo, me digo cuando siento 
El corazón vencido por tanto sufrimiento. 
Hagamos nn esfuerzo; los ángeles malditos 
Alivian sus martirios, celebrando sus ritos 

Vivir. . . Vivir. . . Nosotros no somos los culpables 
De que tantos problemas sean indescifrables — 

— ¿Que el dolor nos injuria, nos persigue y querella? 
¿Y el azul de los cielos? ¿Y el fulgor de la estrella? — 


85 



Yo soy un ave errante; vuelo hacia el Infortunio 
Mi sostén es la Angustia; Fatalidad mi guía 
Mi destino presiden augúrales ocasos 

Y espero bajo un claro, piadoso plenilunio 
Mientras voy escribiendo, la postrera elegía 
Dejar que mi existencia, se rompa en mil pedazos. 


fifi 



Mi estileto. 


Poseo un estileto de acero florentino, 

2u cuyo mango lucen, raras incrustaciones 
r que tiene una hoja que brilla en ocasiones 
■on no sé qué siniestro reflejo mortecino — 

En un estuche de oro forrado en terciopelo 
íe lo dió de regalo una vieja agorera 
'hiéndeme; lo traigo de un país de quimera 
ara curar tu amargo y eterno desconsuelo 


87 



Lo saco con cuidado del estuche, lo miro, 

Y tal vez es que á causa de la tiebre, deliro 
Ya ausente de mi enfermo cerebro la razón 

Lo cierto es que presiento que se acerca la hora 
De abrir los surtidores rojos del corazón 

Y huir bajo la noche cou rumbo hacia la Aurora 


< 



Los amores míos. 


Yo amo los crepúsculos, porque se identifican 
Do la existencia mia, con el atardecer 
A.mo los a va tares porque ellos significan 
La razón de mi vida, la fuerza de mi sér 

Adoro la apasible quietud de la laguna 
í¿ue noche ¡i noche vola mi eterno meditar 
Poseen mi cariño, los cisnes, qne á la luna 
P<»r saberla imposible, la llegaron a amar 



Sueno con una mano que acaricie piadosa 
En la hora postrera, ini frente paasarosa 
Y cu lira mi sepulcro de rosas y de lirios 


Y espero una pareja de bardos ruiseñores 
Que con nocturnas trovas, alivie mis dolores 
Endulce mis tristezas y engane mis martirios 


90 



El poeta triste. 


Nunca pasó el menguado, limíte de su aldea 
Aquel poeta triste, dulce y sentimental 

Y fné el solar nativo, una nneva Me 1 pea 
Para el sonar doliente de su flauta augural 

Vivió, por caprichoso prodigio de la Idea 
Lo real y lo imposible, lo nuevo y lo ancestral 

Y tal nn redivivo Jasón, odió á Medea 
Por amor de la í^fuoe de un ensueño fatal 


91 



Dió en la extraña manía, de pensarse nn ilota; 
De creerse llegado de una tierra remota 
Peregrino hacia nna, Meca que no existió 


Y nna noche, embriagado de ajenjo, se mató 
Yo ya lo he perdonado; fué loco por sn bien 
Vosotros, sed piadosos, perdonadlo también. 



La ronda de las brujas. 

Las doce de la noche, da mi reloj — Necesito 
nirar otra copa, para olvidar ipie vivo; 

■ntro de dos abismos, la Eternidad y el Mito, 
i espirito suspende so esfuerzo volitivo. 

Abandonada yace la pin na; ya no escribí 
es la hoja en blanco como la iniciación de i\u rito 
n palabras: del padre Silencio estoy cautivo 
“preso por extraños avahares, medito 



Las sombras laminadas de oro, de la estancia 
Protejen los fantasmas que me asedian; la infancia 
Perdida para siempre, surge de mi recuerdo 

Y como me sé solo, y nomo me sé enfermo 
En medio de este caos de duda en que me pierdo 
Desesperadamente, bebo, bebo... y me duermo 


94 



¡Tal un vulgar ladrón!... 

Duerme la humilde aldea— La pupila 
De un astro, rasga el velo del arcano 

Y apenas el silencio, turba el vano 
Ladrar de un can, que la heredad vigila 

Tal mi vulgar ladrón ó un asesino 
Entre las sombras de la noche avanzo. 
Llego á la tapia, el borde hostil alcanzo 

Y penetro en el predio del vecino 

95 



Tengo miedo que a'guuo me sorprenda: 
Camino á tientis p.n* la oscura senda 
Me detengo á escuchar, por fin me atrevo 


Y como quien comete uu gran deliro 
A orillas de la fuente deposito 
El pan que para las palomas llevo. 



Era una media noche- 


Era nna media noche de invierno; no pudiera 
La cansa de mi angustia decir con claridad 
El viento, un viento helado, se lamentaba afuera 
Y f*n mi guardilla, todo mutismo y soledad 

Ei reloj, mientras daba, las doce campanadas 
Fné tal un asesino cobarde, que atraición 
Llegando por la espalda, con dec" puñaladas 
Feroces y c^rí./'r*;, me LtAtob 'efeo razón 



El niervo tle Edgar Poe graznó lúgubremente 
Tuve el presentimiento de nn peligro inminente 
Y abrí despavorido el balcón para huir 


¡Fantasmas ilusorios!... arriba las estrellas 
Muy pálidas y blancas, muy pálidas y bellas 
Brillaban en el fondo de un cielo de zafir! 



Los bueyes. 


De niño, en los rastrojos los cuidé muchas veces; 
En el claro arroyuelo los llevaba á beber 
Y al duro yugo uncidos, trasportando las mieses 
Por el blanco sendero los guié en el ayer 

Ya lejano— Eran buenos, tanto, qne se creyeran 
— Mirando de sus ojos las extralmmana bondad 
Viejos dioses caídos, que impreso auu tuvieran 
En la pupila, el sello de la divinidad. 


99 



Los quiso cual si hubieran sido ellos mis hermanos 
Y miando los uncía, lamiéndome las manos 
Tan claro me mostraron su afecto y adhesión 

Que ahora que estoy solo con mi dolor acerbo 
Su dulce compañía, añoro y les conservo 
Un lugar preferente, dentro mi corazón. 


100 



Postuma* 


Amada: yo deseo que á la tamba temprana 
Que para mí, ya tiene pronta el eamposantero 
lina vez rada afto, vayas por la maftana 
íl'tn nn ramo de rosas— ^w^KJhe^nto quiero — 

Te pido que tu sola suJws íí'at^Taya 
f ’uandn mi barea enfile la quilla haeia otra vida 
Para que nadie sepa que parto y en la playa 
Ningún pañuelo agite su adiós de despedida 


101 



Ocúltale á mi madre que he muerto; tú eres buena, 
Enjugarás sus lágrimas, engañarás su pena 
Diciéndole que pronto retornaré, 3' si un día 

La infel;z padeciera pensando en mi regreso 
Miéntele que te he escrito, dale en la frente un beso 
Y dilc que no llore y espere todavía . . .